Crisis de la distensión y vuelta a la "Guerra Fría"

La "política de distensión" de Breznev, que tantos éxitos había tenido, sufrió hacia finales de 1979 una grave derrota que no fue posible pasar por alto por sus consecuencias. En tanto que las actividades de los Estados Unidos y el interés de la opinión pública mundial se centraba completamente en el asunto de los rehenes del personal de la Embajada americana en Teherán, la Unión Soviética aprovechó la ocasión para dar un golpe de Estado en Afganistán con el fin de librarse del gobernante comunista Amin, que ya no era grato a Moscú, y, con la ayuda de tropas soviéticas, instalar en Kabul a Babrak Kamal, que gozaba de su favor. La indignación internacional ante esta intervención militar, extendida también a los países del Tercer Mundo, no había sido prevista por Moscú. El empleo de la fuerza militar por parte de los dirigentes del Kremlin provocó, en la opinión americana, sensibilizada por las acciones violentas de Teherán, una duda fundamental sobre la veracidad de la política soviética de distensión e introdujo un cambio político que, con la elección de Ronald Reagan en 1980, inició una nueva fase en las relaciones entre ambas superpotencias.

Entre tanto, la economía del país se hundía, afectada por una inflación galopante, socavando la legitimación del poder: el imperativo y permanente llamamiento a una "forma de vida socialista" se había desgastado. Cierto es que Moscú podría contar con la fidelidad de aquellos partidos comunistas de los países del Tercer Mundo cuya existencia política dependía en gran medida de la ayuda económica del PCUS. Pero con el establecimiento de regímenes comunistas en los países en vías de desarrollo había crecido también el potencial conflictivo intracomunista.

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