El “idealismo imperialista”

El interés nacional de los Estados Unidos y América Latina madurará con la Administración de Wilson. Su idea del Destino Manifiesto y de la Doctrina Monroe va a estar ligada a un necesario y buscado protagonismo de los Estados Unidos en el mundo. Habrá una vuelta a la interpretación política del interés nacional respecto del área latinoamericana, cercana a Manhan y Roosevelt, pero desde una visión más protagonista e idealista en cuanto a la necesidad de exportar el modelo político. Wilson rechazará el concepto de “interés especial” de Taft, pero afirmará “la madurez política de América” para exportar un modelo acabado de democracia. Sus principios políticos girarán en torno a dos ideas: a) la de Estados Unidos como Nación entre naciones (enlazando con el Destino Manifiesto), y b) la del Presidente como líder de una nación y representante de un proyecto político para el continente. Esta última idea se traducirá en la necesidad de llevar a cabo una norteamericanización de América Latina, lo que para Wilson constituía una “alta misión” en la que no había que escatimar esfuerzos, incluso, si era necesario, la utilización de la fuerza.
Wilson pensaba que la democracia era la forma más humana y justa de gobierno y que todo pueblo, independientemente de su desarrollo, era capaz del “self government”. Su misión en Centroamérica era la de “guardián del espíritu de justicia, democracia y progreso”. El legado de Wilson completa el proceso de maduración de los principios políticos hasta los años cincuenta.

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