La Administración Bush, la “Doctrina Baker” y Centroamérica

Los primeros meses de la Administración Bush hacían suponer un relativo abandono de la Doctrina Kennan y la vuelta a los planteamientos recogidos en el Informe Kissinger: no renuncia a la utilización de la fuerza, y negociación y cooperación. Los pilares básicos de la nueva Administración serán: Fuerza, Realismo y Diálogo. Cuatro serán los puntos principales de acción:
  1. Nicaragua: acusación directa a este país de poner en peligro el proceso democrático y la paz en toda la región. Se acusa a la Junta Sandinista de negar a los nicaragüenses los derechos humanos básicos, religiosos y políticos.
  2. El Salvador: apoyo republicano al pueblo y al gobierno de este país que es el objetivo, según su planteamiento, de “una insurgencia dirigida desde el exterior”. Se ofrece el apoyo necesario para proteger la democracia en ese país.
  3. Panamá: política firme con respecto al autoritarismo militar de este país y al narcotráfico.
  4. Narcotráfico: los gobiernos latinoamericanos deben luchar conjuntamente contra el tráfico de drogas y Norteamérica ofrece su cooperación al respecto.
El enfoque de la Administración Bush, frente al de Reagan, será un acercamiento a los problemas de la zona latinoamericana sin ir directamente a las fuentes del conflicto, sino valorando todos los efectos desestabilizadores en los “procesos democráticos” de estos países. Primará el enfoque regional y la crítica al proceso interno de estos países y, por lo tanto, la vuelta a la búsqueda de la democracia en el área. Tampoco aparecerá en los textos y declaraciones ninguna alusión a la expansión soviética en Centroamérica, por lo que parece que se construye la acción presidencial sobre un discurso menos ideologizado. Continúa la ayuda a la contra sin desechar la posibilidad de negociaciones con el régimen sandinista.
Sin embargo, tendrá lugar un hecho de tremenda importancia para la política de Bush respecto al área: el debilitamiento de la Unión Soviética como superpotencia, derivado de los cambios desarrollados por Gorbachov y la abierta descomposición del bloque del este, que produce dos factores de vital importancia. Primeramente, un mayor margen de acción de los Estados Unidos en el área centroamericana, que se traduce en un aislamiento de los regímenes considerados más peligrosos y de las guerrillas nacionales; en segundo lugar, la desaparición paulatina del principal argumento que en los últimos cuarenta años habían justificado la política de Estados Unidos de la utilización de la fuerza, a saber, la expansión comunista en el mundo.
De esta manera, la política exterior norteamericana tuvo, necesariamente, que sufrir un proceso de cambio en su conceptualización: la “contención de la expansión comunista en América Latina” fue sustituida por el concepto de “modelo social más ético y políticamente más democrático”. Esta justificación permitió a Estados Unidos seguir justificando sus acciones violentas en el área bajo el argumento de “guardián de la moralidad y de la pureza de los sistemas democráticos”. Estos serán los principales argumentos esgrimidos en la intervención de Panamá y en el reconocimiento del gobierno de Daniel Ortega.
La estrategia diseñada por Baker, secretario de Estado, para Nicaragua, “negociación limitada con los sandinistas y su neutralización en el propio proceso político interno”, tuvo estupendos resultados. Aun con el triunfo sandinista, el gobierno de Daniel Ortega había llegado a conversaciones con Baker para introducir modificaciones en el sistema político nicaragüense, a cambio del cese de la contra y de una cooperación económica para este país. De esta manera, la nueva Administración, finalmente, propició un control indirecto de los procesos de paz y un protagonismo transferido en las negociaciones.

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