La consolidación de la paz. El problema ruso

Tras la Revolución rusa de 1917, el bolchevismo sobrevivió, contrariamente a las esperanzas y a las intenciones de los aliados. La voluntad de Inglaterra y Francia no era lo bastante fuerte para imponerse a Rusia, aun estando envuelta en una guerra civil. Los soldados de la primera guerra lucharían solamente por una causa en la cual creyeran; los bolcheviques aducían, con cierta razón, estar del lado de las masas trabajadoras, de los obreros y campesinos, mientras era absolutamente evidente que sus oponentes en Rusia representaban a los terratenientes y los capitalistas. Es más, los Estados aliados temían un contagio del bolchevismo, de manera que las fuerzas aliadas en Rusia, que habían llegado durante la guerra con Alemania, permanecieron allí aisladas manteniendo posiciones defensivas sin contribuir en absoluto al resultado de la guerra civil rusa. La intervención aliada contra los soviets se limitó al ofrecimiento de dinero, armas y suministros para ayudar a las fuerzas antibolcheviques. Sólo gracias a esta intervención, Polonia logró escapar a duras penas de la aniquilación a manos del Ejército Rojo en 1920.

Los polacos se habían ofrecido en septiembre de 1919 a enviar medio millón de hombres contra Moscú a cambio de la financiación aliada. Clemenceau y Lloyd George renunciaron rápidamente a este plan, ya que proyectaban un empleo muy diferente del ejército polaco: la expulsión de las fuerzas alemanas de las antiguas provincias bálticas rusas, que habían atraído a numerosos elementos de la extrema derecha con el propósito de colonizar la zona báltica, restaurar la monarquía rusa y aplastar la república alemana, aniquilando así la obra de Versalles. El objetivo de Pilsudski, jefe del Estado polaco, era crear una gran Polonia separando Ucrania, la Rusia Blanca y Lituania de Rusia, y uniendo estos territorios a Polonia mediante una federación, dejándoles al mismo tiempo la independencia necesaria para conseguir el apoyo de movimientos nacionalistas. Así, Pilsudski aceleró sus propios preparativos y dirigió una ofensiva polaca a finales de abril de 1920. Kiev fue tomado, pero enseguida fueron expulsados por el Ejército Rojo, que continuó su marcha hacia Varsovia. A las puertas de Varsovia, la derrota polaca parecía inminente, hasta que el ejército de Pilsudski contraatacó y el ejército soviético fue derrotado. Esta derrota fue debida, principalmente, a la debilidad rusa en cuanto a equipo y vías de comunicación; sin embargo, esta derrota consolidó el régimen bolchevique, porque el conflicto con los polacos hizo surgir en su apoyo un sentimiento de fervor patriótico.
Las energías del régimen soviético se vieron absorbidas durante el resto de la década y gran parte de la siguiente en el empeño de conseguir un rápido crecimiento económico. Por ello, la política exterior rusa tras la guerra polaca tuvo un carácter defensivo, tendente a mantenerse alejada del resto del mundo, más que a cambiarlo. La Unión Soviética se convirtió en la gran ausente de la política europea y mundial. Cada vez se hizo más difícil emprender una política común hacia Rusia. Sin embargo, el gobierno británico tenía interés en restablecer el comercio mundial poniendo punto final a los conflictos políticos, al mismo tiempo que los franceses parecían estar convencidos de la posibilidad de derrocar el bolchevismo en Rusia. Así Lloyd George pensaba que Polonia debía hacer la paz con Rusia en las mejores condiciones posibles, mientras que Francia pensaba que Polonia debía ser empujada a luchar contra Rusia, razón por la cual suministró equipo al gobierno polaco. Durante estos años, la ayuda más sorprendente recibida por el gobierno soviético vino de Alemania. La derrota rusa cerca de Varsovia supuso un duro golpe a la reciente alianza germanosoviética. Aun así, el asesoramiento militar y técnico de los alemanes hizo posible que el Ejército Rojo se modernizase con mayor rapidez que si lo hubiera hecho por sí mismo; los militares alemanes ayudaron a formarse militarmente a los que serían en el futuro sus más formidables enemigos.

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