La crisis mortal de la vieja Europa

La crisis de Julio. Estalla la guerra
El 28 de junio el archiduque Francisco Fernando y su mujer son asesinados por el estudiante bosnio Princip en Sarajevo, capital de Bosnia, en medio de un clima político ya de por sí cargado de amenazas, haciendo explotar abiertamente el contraste latente entre Austria-Hungría y Serbia. Este atentado fue el último eslabón de una cadena de acciones terroristas que querían demostrar la ilegitimidad del dominio de los Habsburgo en Bosnia y en Herzegovina. En Viena existía desde el principio la convicción de que Serbia había tenido parte en el atentado, aunque no se pudieron presentar pruebas concretas, y la prensa austríaca desencadenó una violenta tempestad de indignación por las peligrosas intrigas de los nacionalistas serbios. Así, la opinión pública exigió una solución radical a la cuestión de Serbia. Existía la convicción de que Austria-Hungría sólo podía restablecer su prestigio mediante una prueba de fuerza militar. El problema residía en las graves contramedidas que Rusia pudiera tomar, ya que no se podía descartar la eventualidad de que éstas pudiesen desencadenar un conflicto europeo general. Sin embargo, en un principio, se pensaba que Rusia se contentaría con adoptar una actitud amenazadora y que luego se calmaría.
La estrategia austro-húngara era declarar la guerra contando con el respaldo alemán; una vez conseguido, se atribuyo al Reich alemán el poder de decidir sobre la guerra o la paz, aunque la diplomacia alemana protestase contra esta lógica de los hechos. Por esta razón, Alemania se puso a favor de una guerra local entre Austria y Serbia, esperando que Rusia tomara parte y que fuese ella la que provocara la guerra europea. Así, la monarquía danubiana, confiando en el apoyo del poderoso aliado alemán, dirigió a Serbia, el 23 de julio de 1914, un ultimátum exigiendo plena satisfacción por el atentado y medidas contra el movimiento de extrema derecha en Serbia, con un plazo de cuarenta y ocho horas. Bajo presiones inglesas, y debido a la dureza del ultimátum, Alemania sugirió al gobierno austro-húngaro que iniciase inmediatamente negociaciones bilaterales con Rusia con el fin de ponerse de acuerdo sobre los límites y la finalidad de la inminente acción militar contra Serbia, renunciando a operaciones de gran envergadura. Pero Austria no estaba dispuesta a renunciar a la proyectada guerra contra Serbia, y el 29 de julio bombardean Belgrado. Rusia procede a una movilización parcial y Francia e Inglaterra advierten a Berlín que no serán neutrales. El día 30 Rusia moviliza sus tropas contra Austria-Hungría y Alemania; es ya la guerra de bloques. El 1 de agosto Guillermo II declara la guerra a Rusia y el 3 a Francia; al día siguiente las tropas alemanas invaden Bélgica, e Inglaterra entra en el conflicto declarando la guerra al Reich alemán.

La fase inicial del conflicto
En los comienzos del conflicto se enfrentaba Rusia, Francia, Inglaterra, Serbia y Bélgica con Alemania y Austria-Hungría. Italia, al no satisfacer Viena sus reivindicaciones adriáticas, se proclama neutral (aunque entrará en guerra a favor de los aliados un año más tarde). Turquía se identifica sin titubeos con Alemania, pero no se atreve a entrar en el conflicto inmediatamente. Es la primera guerra en la que participan casi simultáneamente las principales potencias del mundo, y los pueblos europeos parten a la guerra con un entusiasmo casi religioso. La lucha por la patria parecía dar a la vida de repente un contenido nuevo. Los socialistas, las clases burguesas, los sindicatos y la clase obrera se unieron a esta muestra de nacionalismo. En un primer momento la guerra trajo en todas partes una estabilización de la situación interna. Sin dudarlo, los Parlamentos aprobaron los medios financieros necesarios para la contienda, retirándose luego a un segundo plano y dejando libre el campo a los militares. La iniciativa perteneció a las potencias centrales. La Entente disponía de una enorme superioridad en población, en materias primas y en facilidades de acceso a las grandes rutas marítimas, pero los imperios centrales se habían preparado con mayor meticulosidad para la guerra. Las tropas alemanas son disciplinadas, están bien provistas de artillería pesada y de armas automáticas. El Estado mayor alemán tiene en su cartera, desde 1905, el llamado Plan Schlieffen, el cual, previendo la lentitud de la movilización rusa, dispone un ataque rápido en el Oeste para atender en una fase posterior el frente este. En un principio, el potencial militar de la Entente es más débil: el ejército ruso carece de infraestructura logística para una movilización rápida. Inglaterra no ha establecido el servicio militar obligatorio y, por tanto, no posee suficiente número de soldados; Francia, que va a sufrir el choque inicial, es una nación menos poblada, menos industrializada y con armamento menos moderno que Alemania.
La guerra obliga a los beligerantes a movilizar todas sus fuerzas económicas. En principio se había calculado una guerra corta y ningún país estaba preparado para un esfuerzo sostenido. La prolongación del conflicto obligó a los gobiernos a improvisar una organización en gran escala para la fabricación de municiones y material de guerra. Los estrategas sueñan con perturbar la estructura del adversario, preparando y asestando golpes en sus comunicaciones y en sus sistemas de producción. Así, el bloqueo de los suministros del enemigo, perjudicó de manera especial a los imperios centrales. Aunque hubo fisuras, en los años 1917 y 1918 la escasez de alimentos en Alemania llegó a ser muy grave. La réplica alemana al bloque, la guerra submarina, fue creciendo en intensidad: en 1915 Alemania sólo disponía de 30 submarinos, mientras que en 1917 tenía 154.
Siguiendo las previsiones del Plan Schlieffen, basado en el cálculo de que el ejército ruso necesitaría varias semanas para colocar en el frente toda su potencia, los alemanes atraviesan Bélgica y se lanzan sobre Francia, en dirección a París, por lo que el 2 de septiembre el gobierno francés consideró prudente abandonar la capital. En Marne, cerca de la capital francesa, los franceses contraatacan, y los alemanes corren el peligro de ser desbordados, fracasando así el Plan Schlieffen. Fracasado el avance en punta hacia París, los alemanes inician las batallas de Flandes, la carrera hacia el mar, asegurando sus comunicaciones a través de las llanuras belgas y renunciando al hundimiento de Francia. En el Este, en los últimos días de agosto y primeros de septiembre, los alemanes derrotan a los rusos en Tannenberg y en los Lagos Masurianos, pero los austríacos retroceden en Galitzia y en los Balcanes. En agosto, Japón declara la guerra a Alemania y en pocos días ocupan sus posesiones en China y el Pacífico. Turquía entra en la guerra como aliado de Alemania en noviembre, y bombardea los puertos rusos de Odessa y Sebastopol.

La guerra de posiciones 1915-1918
Con la falta de fuerza de los contendientes para romper el frente y la multiplicación de las ametralladoras, arma más propia para la defensa de posiciones que para el salto, aparece una forma de lucha nueva: la trinchera. Se excavan kilómetros de fosos, se protegen con sacos terreros, se refuerzan con casetas de cemento, y los ejércitos parecen iniciar una especie de guerra de topos. En 1915 aparecen los gases asfixiantes y los lanzallamas, y en 1916 los primeros tanques, pero ninguna de las nuevas armas va a resultar decisiva para destrozar los sistemas de trincheras. Considerando más vulnerable el frente oriental, los alemanes efectúan varías ofensivas en Lituania, Galitzia y el Vístula, que obligan a replegarse a los rusos, con la pérdida de un millón y medio de hombres; pero los imperios centrales no consiguen obligarlos a firmar una paz por separado. En el Oeste una ofensiva francesa en Champagne provoca pérdidas terribles, y Alemania se ve obligada a un período de posiciones defensivas.
En mayo de 1915, tras sopesar las ventajas territoriales que les ofrecen los aliados, Italia entra en la guerra. Bulgaria pasa a apoyar a los centrales, y Rumanía a las potencias de la Entente. A finales de 1915 parece imposible romper los frentes. Así, se intenta efectuar una guerra de desgaste sobre Verdún, piedra angular del sistema fortificado francés, a base de asaltos incesantes. Sin embargo, los franceses resisten con tenacidad, y los muertos en ambos bandos son numerosos; finalmente, los alemanes son obligados a retirarse de Verdún, y su plan de penetración fracasa.

La crisis de 1917, y la caída de los imperios centrales en 1918
El año 1917 se caracteriza por tres acontecimientos: la intervención de los Estados Unidos en el conflicto, la retirada de Rusia después de la revolución, y una crisis profunda, de cansancio, que afecta a todos los países. En enero el presidente Wilson rompe sus relaciones diplomáticas con Alemania, y Estados Unidos declara la guerra. Este cambio de actitud fue provocado por el bloqueo alemán a las costas inglesas y francesas, amenazando con hundir a los neutrales que transportaban mercancías con este destino. El comercio de los Estados Unidos con Inglaterra y Francia era muy intenso: la guerra submarina suponía una amenaza para muchas empresas de exportación norteamericanas. La intervención de los Estados Unidos supuso el fin de la angustia financiera inglesa y francesa, un bloqueo más eficaz contra Alemania, el apoyo de los Estados de la América Latina, y un aumento de reservas demográficas e industriales.
En Rusia, los sufrimientos de la guerra contribuyeron a la caída del régimen zarista, y los rusos se retiran. Los alemanes, sin embargo, no muy confiados, mantuvieron aún un millón de hombres en el frente oriental. La desaparición del frente del Este permite a Alemania disponer de más efectivos e iniciar una gran ofensiva en el Oeste. Es entonces cuando Alemania se da cuenta de la debilidad de sus líneas: el nuevo material de guerra norteamericano había producido ya la inferioridad germana, y su hundimiento es muy rápido. El 11 de noviembre de 1918 se firma el armisticio; dos días antes ha huido Guillermo II y se proclama la República en Berlín.
La guerra mundial no fue en absoluto el resultado directo de la voluntad de Alemania de incorporarse a la política mundial, o de la lucha competitiva entre los diversos imperialismos europeos; la guerra fue desencadenada más bien por un conflicto que hacía tiempo que estaba latente en el interior del sistema tradicional de las potencias europeas, aunque bien es verdad que los contrastes en el campo de la política mundial contribuyeron a agudizar la situación. Una vez desencadenada la guerra, las energías nacionalistas e imperialistas de los pueblos se abrieron paso en una explosión incontrolada, una lucha sin cuartel cuyo único fin legítimo era la destrucción del enemigo. Al final de la I Guerra Mundial, la vieja Europa de las cinco grandes potencias se había transformado tanto que resultaba irreconocible. Europa tuvo que ceder su función hegemónica en el mundo a los dos grandes bloques opuestos, los Estados Unidos y la Unión Soviética, esta última impotente en aquel momento, pero no por mucho tiempo.

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