Los principios filosófico-políticos: de las bases al “Destino Manifiesto”

El origen de la “especial” relación de los Estados Unidos de América Latina se encuentra en una base que podríamos denominar filosófico-moral. Examinando los primeros tiempos de la República norteamericana, sus acciones políticas concretas, y las declaraciones de los “padres fundadores”, vemos cómo los líderes de los nuevos Estados Unidos de América no estaban interesados en los asuntos del Sur, y en cambio definían los objetivos de política exterior según las circunstancias y las condiciones de Europa. Esto se debía, en cierto modo, a la necesidad de formar un apoyo para el experimento democrático y de contrabalancear toda acción de los británicos para debilitar la posición norteamericana en la comunidad internacional.
Con un idioma y una religión diferente, las comunidades del Sur eran vistas a menudo como pueblos con una experiencia colonial muy alejada de la de los Estados Unidos, pero con una cercanía geográfica que, sin embargo, haría inevitable su toma en consideración si, en la forja del sentimiento nacionalista, se estaba convencido de estar construyendo el mejor modelo político y económico.
Esta conciencia común de estar constituyendo un nuevo tipo de democracia más justa y libre frente a la europea (Gran Bretaña), que ya aparecerá en las reflexiones de Tocqueville, junto con la ética protestante y la idea calvinista de la purificación en el trabajo, ayudaron a forjar el mito de la “Idea de América”. Esta conciencia de la “Idea de América” tendrá una relación directa con la afirmación del liderazgo norteamericano respecto a otras naciones, La idea de construir una Gran República, y la exportación del modelo a otros pueblos “para que encuentren el camino”, estará presente en los “padres fundadores”. El Destino Manifiesto del presidente norteamericano Polk, supone la afirmación del liderazgo histórico de la “Gran Nación Norteamericana” y, por lo tanto, de dos principios: a) la exportación del modelo, y b) la exclusividad de acción en el continente. El Destino Manifiesto supone una visión específica del sistema internacional y de su ordenación, inicialmente aplicable a la realidad latinoamericana. La idea era construir un nuevo orden internacional que superase la realidad histórica europea en donde los Tratados y Acuerdos Internacionales habían tenido que conjugar los intereses encontrados de los Estados en una sociedad internacional construida en la “irracionalidad”, según Wilson.
Este nuevo sistema interamericano, más “racional, justo y democrático”, encuentra su legitimación en la sociedad más libre y laboriosa; también en la Providencia Divina. El otro principio clásico de la política exterior norteamericana es la “Doctrina Monroe”, que junto con el destino Manifiesto, supondría la elaboración de un “derecho propio y completo” que determinará la actuación de los Estados Unidos en esta área.

Compartir